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Mati ahora en la Consciencia

  • Mati
  • 31 dic 2025
  • 10 Min. de lectura

Hay algo que los antiguos sabían y que nosotros hemos olvidado casi por completo: no todos podemos recibir la misma información de la misma forma. Y no es una cuestión de inteligencia o capacidad, es simplemente cómo funciona la vida.

Cada planta absorbe la luz de manera diferente. Una rosa capta ciertos espectros de color, un girasol otros completamente distintos. Un cactus procesa el sol del desierto de una forma, un helecho de la selva húmeda de otra totalmente opuesta. Ambos necesitan luz, pero la manera en que la toman, la procesan, la convierten en alimento, es radicalmente diferente.

Lo mismo pasa con los animales y la comida. Un león no puede alimentarse de pasto, una vaca no puede cazar gacelas. No es que uno sea mejor que otro, simplemente tienen sistemas digestivos diseñados para procesar diferentes tipos de materia. Y eso está bien. Esa diversidad es lo que mantiene el equilibrio del ecosistema.

Con los humanos y la información pasa exactamente lo mismo. Lo que yo puedo comprender hoy, tal vez tú lo comprendas dentro de un año. Lo que para ti tiene sentido inmediato, para mí puede ser un misterio incomprensible. Y no está mal. Es simplemente cómo somos.

Mil Caminos, Un Destino

Por eso a lo largo de la historia han existido tantos caminos diferentes. Tantas religiones, tantas filosofías, tantas formas de ver el mundo, tantos métodos para llegar a lo mismo. No es que unos estén equivocados y otros tengan razón. Es que diferentes personas necesitan diferentes caminos para llegar al mismo lugar.

El politeísmo antiguo entendía esto mejor que nosotros. No era solo "hay muchos dioses", era "hay muchas formas de conectar con lo divino, muchas puertas para entrar a la misma casa". Algunos entran por la puerta del sufrimiento, otros por la puerta de la meditación zen. Algunos necesitan la disciplina espartana, otros la compasión budista. Algunos encuentran su camino en las plantas medicinales, otros en el silencio profundo de la cueva.

Desde las cruzadas hasta el ateísmo, desde la ciencia hasta el misticismo más extremo, todos son caminos. Válidos o no, funcionales o no, todos son intentos de la mente humana por comprender algo que está más allá de la mente misma.

Y aun así, con toda esta diversidad infinita de caminos, con todas estas posibilidades, siguen siendo pocas comparadas con la cantidad de estrellas en el universo, con la biodiversidad de este planeta, con las formas infinitas en que la consciencia puede expresarse.

Sin embargo, hay algo curioso. Todos, absolutamente todos, sin importar el camino que tomemos, pasamos por las mismas leyes fundamentales. Como si el universo tuviera reglas básicas que operan siempre, estés consciente de ellas o no.

Las Leyes Que Rigen Todo

Thoth me mostró estas leyes hace años, y cada vez que las veo operar en la vida me sorprendo de nuevo. Son siete principios que rigen absolutamente todo, desde el átomo más pequeño hasta la galaxia más grande, desde el pensamiento más sutil hasta la montaña más sólida.

Todo es mente. El universo entero es mental, surge de una consciencia que piensa la realidad hacia la existencia. Como es arriba es abajo, los patrones se repiten en todas las escalas. Nada está quieto, todo vibra, todo se mueve en diferentes frecuencias. Todo tiene su opuesto, y los opuestos son en realidad lo mismo pero en diferentes grados. Todo fluye y refluye, el péndulo oscila entre extremos, nada permanece estático. Toda causa tiene su efecto, nada sucede por casualidad. Y todo tiene su aspecto masculino y femenino, toda creación requiere la unión de ambos.

Estas leyes operan siempre. No importa si las conoces, si las aceptas, si crees en ellas o las niegas. Operan. Como la gravedad, como el electromagnetismo, como las fuerzas fundamentales del universo.

Pero Eso No Es Consciencia

Todo esto que acabo de describir, todos estos caminos, todas estas leyes, todos estos sistemas de comprensión, son mente. Son formas en que la mente trata de entenderse a sí misma, de organizarse, de encontrar sentido.

Pero eso no es consciencia.

La consciencia es otra cosa completamente diferente, y aquí es donde todo se vuelve interesante, donde el juego cambia de nivel.

La consciencia no surge de elegir un camino u otro, no emerge de entender las leyes o no entenderlas. La consciencia surge de la unión de todo ello, pero no una unión que homogeniza, que convierte todo en lo mismo, sino una unión que respeta e integra la diversidad.

Es como este cuerpo que se llama Mati. Para que Mati exista, necesito que mis huesos sean huesos, mis músculos sean músculos, mis órganos sean órganos. Un cuerpo adulto tiene aproximadamente doscientos seis huesos sosteniendo la estructura, cerca de seiscientos músculos generando movimiento, setenta y ocho órganos cumpliendo funciones específicas. Once sistemas completos trabajando en sincronía: el nervioso, el circulatorio, el respiratorio, el digestivo, el endocrino, el inmunológico, el muscular, el esquelético, el reproductivo, el urinario, el tegumentario.

Y todo eso está formado por alrededor de treinta y siete billones de células trabajando simultáneamente. Más las glándulas endocrinas, la pineal, la pituitaria, la tiroides, las suprarrenales, el páncreas, cada una secretando hormonas que regulan procesos que ni siquiera percibo conscientemente.

Todo eso trabajando junto, pero cada parte haciendo su función específica. El corazón no intenta ser pulmón. El hígado no quiere convertirse en cerebro. El estómago no tiene envidia del riñón. Cada uno hace lo suyo, y en esa diversidad funcional surge algo mayor: Mati.

Si de repente todos mis órganos decidieran comportarse como el corazón, Mati desaparecería. Si todos quisieran ser cerebro, el cuerpo colapsaría. La unidad no es que todos sean iguales, la unidad es que todos funcionen en armonía siendo diferentes.

La Danza de la Homeostasis

La consciencia se da cuando la mente, en toda su infinitud caótica, encuentra armonía. Homeostasis cósmica. Un equilibrio dinámico donde todo está en movimiento pero nada está fuera de lugar.

Y la tarea de la consciencia es justamente esa: navegar la mente infinita para ordenar aquello que se expande sin armonía, para integrar lo que parece fragmentado, para encontrar el ritmo en medio del caos.

Por eso a la consciencia no le importa lo que la mente cree o crea. Le da completamente igual. La consciencia se desapega de resultados y orígenes, no busca un propósito específico, no tiene una misión definida que cumplir. La consciencia es el tablero entero, las fichas blancas y las negras, el jugador que gana y el que pierde, es el juego mismo y a la vez el acto de no jugar.

Es un vacío tan pleno que no necesita nada, solo ser el centro desde donde todo se observa, desde donde todo se navega sin aferrarse a nada.

La consciencia es el ritmo, la frecuencia en que la mente se ordena y encuentra estabilidad. Y por eso este camino que recorremos juntos es un camino de consciencia, no solo de mente.

El Camino de los Mojones

Pero para llegar a comprender la infinitud de la consciencia, para poder habitarla, se requiere atravesar capas y capas de mente. Ideas, percepciones, creencias, patrones, sistemas de pensamiento. A cada paso que damos en ese recorrido, una lección nueva se revela, una capa nueva se despliega.

Y aquí es donde Hermes entra en escena de una forma que casi nadie conoce.

Hermes. Ese nombre griego viene de hermḗs, que significa "montón de piedras" o "mojón". En los caminos antiguos, cada cierta distancia, los viajeros encontraban un herma, una pila de piedras o un poste que marcaba la ruta. Estos mojones les decían cuánto habían avanzado, cuánto faltaba para llegar al próximo pueblo, si iban en la dirección correcta.

Por eso Hermes es el dios mensajero, el que va de un lugar a otro llevando información, el que marca el camino paso a paso. Porque lo que Hermes nos está diciendo con su propio nombre es que así funciona la realidad: paso a paso, mojón tras mojón, herma tras herma.

Onda a onda, partícula a partícula, creando el mapa de la mente hasta tener el atlas completo de la consciencia.

Por eso el conocimiento no es lo mismo que la sabiduría. El conocimiento es cada mojón en el camino, cada poste, cada herma. Sabiduría es ver el mapa completo, entender cómo todos los mojones se conectan entre sí, comprender la totalidad del recorrido.

Puedes tener mucho conocimiento, haber pasado por muchos mojones, pero si no integras todo eso en una visión total, si no ves el mapa completo, solo tienes fragmentos. Información suelta. Datos sin contexto.

Ir conociendo paso a paso es fundamental para aprender, integrar y trascender cada experiencia. Si no hacemos eso, si intentamos saltar del primer mojón al décimo sin pasar por los intermedios, nos perdemos. Quedamos flotando en conceptos abstractos que no podemos aterrizar en experiencia vivida.

Por eso Hermes creó el hermetismo.

Lo Hermético No Es Lo Que Crees

Tenemos una idea completamente equivocada de lo que significa hermético. Cuando escuchamos esa palabra pensamos: cerrado, secreto, oculto, elitista, solo para unos pocos elegidos. Y nos molesta. Nos parece injusto que haya conocimiento "hermético" al que no todos pueden acceder.

Pero hermético no significa eso. Hermético hace referencia a etapas de asimilación, a un proceso gradual de aprendizaje, como en cualquier sistema educativo serio.

Imagina esto: un chico de quince años quiere ser médico neurocirujano. Tiene la vocación clara, el deseo puro de ayudar a otros, la intención correcta. Pero ve un video en YouTube sobre cómo se opera el cerebro y al día siguiente quiere ir a un hospital a hacer una cirugía. Todos estaríamos de acuerdo en que eso sería una locura absoluta, un peligro mortal.

¿Por qué? Porque ese chico necesita terminar la secundaria, entrar a la universidad, estudiar seis años de medicina general, especializarse en neurología, hacer una residencia en neurocirugía, practicar bajo supervisión durante años, acumular experiencia, enfrentar situaciones reales. Cada materia que estudia, cada año que avanza, cada examen que pasa, es un herma, un mojón en su camino hacia convertirse en neurocirujano.

Y ese proceso se vuelve hermético, cerrado, porque su conocimiento no está al alcance de cualquier persona en cualquier momento. No porque sea malo o elitista, sino porque no todos pueden ser neurocirujanos por más que quieran serlo. Se requiere tiempo, dedicación, capacidad, preparación específica.

Alguien podría juzgar al neurocirujano y decir: "Habla con términos incomprensibles, usa un lenguaje técnico que nadie entiende, esconde su conocimiento en palabras complicadas. Todos deberíamos tener acceso a esa información, es injusto que solo los médicos sepan."

Pero la verdad es que no puedes darle un bisturí a alguien que no sabe nada de anatomía, de fisiología, de farmacología, de técnica quirúrgica. Eso no es democratizar el conocimiento, eso es crear peligro.

El Hermetismo del Alma

En filosofía, en espiritualidad, en el conocimiento de la consciencia, funciona exactamente igual. Hay información poderosa que no puede darse así como así, sin contexto, sin preparación. Se necesita haber pasado por ciertos procesos, haber atravesado ciertas experiencias, haber integrado ciertas lecciones, para poder manejar esa información de forma responsable.

Porque alguien sí podría usar el poder de ciertas palabras para manipular a otros, para controlar consciencias, para crear daño. Un mantra usado sin preparación puede desequilibrar la psique. Una técnica energética mal aplicada puede generar crisis severas. Una verdad mal comprendida puede convertirse en el dogma más destructivo.

Por eso lo hermético parece cerrado, porque está tratando de proteger la sabiduría, de asegurar que quien accede a ella está preparado para usarla con consciencia.

Por eso muchos de los que siguieron estos caminos, los masones, los rosacruces, las escuelas de misterios de Egipto, de Grecia, del Tíbet, kabalistas, todos terminaron creando fraternidades con apariencia oculta, llenas de símbolos, con mucho estudio y diferentes fases y niveles para ir avanzando. No por elitismo, sino por protección. Protección mutua.

Con el tiempo, muchas de esas organizaciones se perdieron, se corrompieron, se convirtieron en clubes de poder político o económico. Pero ese no era el objetivo original. El objetivo era guiar el despertar de forma gradual, paso a paso, mojón tras mojón, para que nadie se quemara con un conocimiento para el que no estaba preparado.

Este Camino Hermético

Por eso, en este proceso que estamos iniciando juntos, en este juego de la mente que lleva hacia la consciencia, será importante entender algo: no todos, ni yo mismo, estamos capacitados para acceder a cierta información en este momento de nuestro camino.

Y por ello, Hermes y el Tejedor nos hablarán en códigos. Lanzarán mensajes que no serán del todo claros al principio. Protegerán cierta información para que solo llegue completa a aquellos que estén preparados para recibirla, que sepan qué hacer con ella.

Muchos de los mensajes que compartiremos tendrán capas y capas de información en una sola frase. Y no todas las capas serán para las mismas personas. Igual que una molécula de oxígeno sirve al cerebro de una forma, a los músculos de otra forma completamente distinta, y a los pulmones de otra manera, pero todos la necesitan a su modo.

Tal vez leas algo que escriba y no lo entiendas ahora. Y está bien. Tal vez dentro de seis meses, después de haber vivido ciertas experiencias, después de haber atravesado ciertos procesos internos, vuelvas a leer lo mismo y de repente todo cobre sentido. Eso no significa que el texto cambió, significa que tú cambiaste, que llegaste al siguiente mojón en tu camino.

Y eso está perfectamente bien. No todos estamos en el mismo punto del recorrido. Algunos van más adelante, otros van más atrás, algunos toman atajos, otros se desvían para explorar territorios laterales que llaman su atención. Todo es válido. Cada uno a su ritmo, cada uno con su proceso único.

Bienvenidos al Ciclo Hermético

Entonces, este nuevo ciclo que comienza es hermético en ese sentido. Y está bien si no comprendes algo ahora. Tal vez más adelante lo comprendas, como nos ha pasado a todos alguna vez con algo que leímos o escuchamos hace años y que de repente, en el momento justo, cobra todo el sentido del mundo.

Tal vez de todo lo que hagamos en este ciclo, de todos los textos, de todos los códigos, de todas las historias, solo un fragmento sea para ti, no todo. Y yo acepto eso. Esto no es una carrera donde todos tienen que llegar al mismo tiempo. No es una competencia donde hay que demostrar algo a alguien más. Este es un camino personal de alquimia, cada uno a su ritmo, cada uno con su proceso irrepetible.

Por eso hoy termina un ciclo imaginario del año, una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol, y comienza otra. Otra oportunidad de recorrer el camino, de pasar por los mojones que nos corresponden en esta vuelta, de aprender las lecciones que están esperándonos.

En este ciclo que comienza, seremos herméticos. Compartiré información en capas, códigos que se revelarán a su debido tiempo, mensajes que tendrán sentido cuando estés en el mojón correcto de tu camino. No por secretismo, no por ego, sino por respeto profundo al proceso de cada consciencia.

Porque la consciencia no se apura. No compite. No se compara. La consciencia simplemente es, y navega la mente infinita encontrando armonía en el caos, orden en la diversidad, unidad en la multiplicidad.

¿Están listos para este ciclo hermético?

¿Pueden aceptar no entender todo de inmediato sin que eso los frustre?

¿Confían en que lo que necesitan comprender llegará cuando su consciencia esté preparada para recibirlo?

¿Pueden respetar que cada persona está en su propio mojón del camino, sin juzgar a quien va más adelante o más atrás?

¿Pueden soltar la prisa cultural que nos exige entenderlo todo ya, y honrar el ritmo natural de su propia consciencia?

Porque esto es lo que viene. Un año de códigos que se despliegan en el tiempo correcto. Un año donde la mente jugará todos sus juegos y la consciencia observará desde el centro, integrando, armonizando, creando esa homeostasis cósmica que permite que Mati sea Mati y que tú seas tú.

Feliz fin y comienzo del uróboros del tiempo. Feliz cierre del código 2025 y apertura del código 2026. Que este nuevo ciclo encuentre a cada consciencia en su mojón perfecto, lista para dar el siguiente paso, sea cual sea ese paso en su camino único e irrepetible.

Bienvenidos al año hermético.

La espiral continúa girando.

37 comentarios


Marcelo Melendez
Marcelo Melendez
29 ene

La espiral continúa girando ❤️‍🔥✨

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didip guerra
didip guerra
10 ene

😔✨🌌🌀🩵

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aline.fdez.r
10 ene

Bienvenido el año hermético desde el mojón de mi consciencia, abierta y dispuesta a jugar y abrir códigos. 🌀

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lety cardenas
lety cardenas
08 ene

Bienvenidos seamos todos!

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Lilian Canido
Lilian Canido
06 ene

Vamos a jugar!!! Que me lleve la alquimia de mi ser, estoy tan lista como puedo estarlo ahora. 🙏🏼 Abra kedabra!!!

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