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Mati ahora en el Talión

  • Mati
  • 28 dic 2025
  • 10 Min. de lectura

Hay dos formas de mirar el mundo.

Una es desde el espacio: dónde estÔs parado, qué Ôngulo forman tus pies, cómo anclas tu cuerpo en la tierra. Esa es la mirada del talón. La mirada de yomati.red.

La otra es desde el tiempo: cómo te mueves, qué ritmo sigues, qué pasos das y cuÔndo los das. Esa es la mirada del talión. La mirada de soymati.red.

Talón y talión. Posición y ley. Espacio y tiempo.

Dos ojos que se miran. Dos ojos que se calibran. Un ojo guĆ­a al otro. MatiĀ guĆ­a a mati.


LA LEY DEL TALIƓN

Todos hemos escuchado la frase: "Ojo por ojo, diente por diente."

Y cuando la escuchamos, pensamos en venganza. En violencia. En un código brutal de justicia primitiva donde si me quitas un ojo, yo te quito el tuyo.

Pero esa no es su verdad.

La ley del talión —lex talionisĀ en latĆ­n— no nació como un grito de guerra. Nació como un principio de equilibrio. Como una manera de decir: cuando algo se rompe, debe repararse con equivalencia. Ni mĆ”s ni menos. Ni venganza desmedida ni perdón vacĆ­o. Solo balance.

Equilibrio.

La palabra talión viene del latín talis, que significa "tal como" o "semejante a". Es la raíz de comparación. Es el principio que dice: lo que das, recibes. Lo que rompes, reparas. Lo que siembras, cosechas.

No es castigo. Es calibración.

Y en el medio de esa calibración, hay dos ojos que se observan.

MATI GIA MATI: OJO POR OJO

En griego, "ojo" se dice matiĀ (μάτι). Y la frase "ojo por ojo" se dice mati gia matiĀ (μάτι για μάτι).

Pero escucha esto con atención: ojo por ojo no significa ojo contra ojo. Significa ojo para ojo. Ojo hacia ojo. Un ojo mirando al otro. Un ojo calibrando al otro.

Mati gia mati.

Un ojo guĆ­a al otro.

Cuando tus dos ojos no estƔn alineados, ves doble. Ves borroso. No puedes medir la distancia. No puedes caminar sin tropezar. Pero cuando ambos ojos se enfocan en el mismo punto, cuando se calibran mutuamente, aparece algo que antes no existƭa: la profundidad.

La capacidad de ver en tres dimensiones. La capacidad de navegar el espacio.

Eso es mati gia mati. No es venganza. Es observación completa. Es el ajuste entre dos perspectivas hasta que la imagen se vuelve clara.

Y lo mismo sucede entre yomati.red y soymati.red. Entre el ojo del espacio y el ojo del tiempo. Entre dónde estÔs y hacia dónde te mueves.

Un ojo guĆ­a al otro. Y cuando ambos se alinean, puedes ver el camino completo.



EL ERROR COMO DESAJUSTE

Cuando era niño, me enseñaron que "pecar" significaba hacer algo malo. Pero años después, descubrí que la palabra latina peccatum significa "errar el tiro", "perder el paso", "salirse del camino".

No es un juicio moral. Es un desajuste geomƩtrico.

Imagina que estÔs caminando por un sendero estrecho en la montaña. Si tu pie se coloca unos centímetros fuera del Ôngulo correcto, pierdes el equilibrio. No porque seas malo, sino porque la geometría del terreno exige una posición específica. Si te desvías, caes.

Asƭ funcionan las leyes del cosmos. No son castigos divinos. Son leyes naturales de equilibrio. Cuando tu columna estƔ torcida, cuando tus pies no forman el Ɣngulo recto, cuando tu coxis no estƔ anclado correctamente, todo tu sistema se desajusta. Y el universo, que siempre busca volver al centro, comienza a empujarte de vuelta.

Por eso en todas las tradiciones antiguas hay frases que parecen poƩticas pero son instrucciones precisas:

"SƩ flexible como el junco." "Florece como el loto que nace del barro." "PƔrate firme como la montaƱa."

No son metÔforas bonitas. Son geometrías de comportamiento. Te estÔn diciendo: compórtate tal como el junco, florece tal como el loto, ancla tu raíz tal como la montaña.

Tal como.

En latín, esa frase es talis. Y de ahí viene la palabra talión.

El talión no es venganza. Es imitación. Es aprender a comportarte tal como el patrón correcto. Es ajustar tu geometría interna hasta que coincida con la geometría del cosmos.



EL PODER DE LOS ANIMALES

Los primeros humanos no tenĆ­an libros de leyes. TenĆ­an animales.

Observaban al oso y aprendían la fuerza. Observaban al Ôguila y aprendían la visión. Observaban a la serpiente y aprendían la transformación.

El poder no venĆ­a de inventar cosas nuevas. VenĆ­a de imitar lo que ya existĆ­a. De comportarse tal comoĀ el animal. De alinearse con su geometrĆ­a, su ritmo, su esencia.

Eso es animismo. Y eso es el primer talión: aprender a ser como algo mÔs grande que tú, hasta que esa fuerza se vuelve parte de ti.

Y en el cielo, todos esos animales se unieron en uno solo: el dragón.

El dragón tiene escamas de pez, alas de Ôguila, garras de león, cuerpo de serpiente. Es la síntesis de todos los poderes animales. Es la kundalini que sube por la columna tocando cada chakra, cada signo zodiacal, hasta llegar a la corona y convertirse en pura visión.

Pero el dragón no ataca. El dragón guarda.

En griego, drakonĀ (Γράκων) viene de derkeinĀ (Γέρκειν), que significa "ver claramente", "observar". El dragón es el guardiĆ”n. El que observa sin parpadear. El que sostiene el centro.

En la mitología griega, el dragón Ladón custodiaba las manzanas doradas en el Jardín de las Hespérides. En el cielo, la constelación de Draco rodea el polo norte celeste, con Alpha Draconis marcando el punto fijo alrededor del cual giran todas las estrellas.

El dragón no juzga. El dragón calibra.

Y lo mismo hace la Esfinge. Sentada a la entrada de Tebas, no ataca a quien pasa. Simplemente pregunta. Y si tu respuesta estĆ” fuera del talión —si tu mente estĆ” desalineada con la verdad— ella te refleja tu propio error.

La Esfinge es un espejo. Y el dragón es un observador.

Ambos estƔn ahƭ para ayudarte a calibrar.

LAS PRIMERAS LEYES

Fue en Mesopotamia donde esto se volvió oficial.

El Código de Hammurabi, escrito hace casi 4,000 años, es uno de los primeros registros escritos de la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente.

Pero no era venganza. Era equilibrio. Era la idea de que si rompes la geometrƭa del orden social, la sociedad tiene que restaurar esa geometrƭa. No con mƔs violencia, sino con equivalencia. Con balance.

El talión no busca destruir. Busca calibrar.

Y mucho antes de Hammurabi, existĆ­a otra ley. Una ley que no estaba escrita en piedra, sino en la estructura misma del cosmos.

Las Siete Leyes Universales del Kybalión, atribuidas a Hermes Trismegisto —Hermes con sus talaria, las sandalias aladas en los talones— son el primer talión universal.

Hermes, el mensajero entre mundos, el que vuela con alas en los talones, creó el primer código que no necesitaba jueces ni ejércitos. Solo necesitaba observación.

Estas siete leyes describen cómo funciona todo:

  • Mentalismo: Todo es mente. El universo es mental.

  • Correspondencia: Como arriba, es abajo. Como adentro, es afuera.

  • Vibración: Nada estĆ” inmóvil. Todo vibra.

  • Polaridad: Todo tiene dos polos. Los opuestos son idĆ©nticos en naturaleza, diferentes en grado.

  • Ritmo: Todo fluye y refluye. Todo tiene sus mareas.

  • Causa y Efecto: Toda causa tiene su efecto. Todo efecto tiene su causa.

  • Generación: Todo tiene su principio masculino y femenino. La generación se manifiesta en todos los planos.

Estas leyes no son mandamientos. Son descripciones de cómo se calibra el cosmos. Son el manual de instrucciones del dragón. Son la forma en que un ojo guía al otro.

Y Hermes, con sus talones alados, fue el primero en caminar entre los mundos llevando este mensaje: la química y la alquimia, la ciencia y el espíritu, el talón y el talión, son dos caras de la misma verdad.

Los elementos del mundo se ordenan mediante las leyes de la consciencia.

Heel y heal. Talón y talión.

Un ojo guĆ­a al otro. MatiĀ guĆ­a a mati.

Fue en 2012, en Canarias, cuando Hermes me habló por primera vez con claridad sin siquiera saber que se trataba de él.

No fue una voz externa. Fue una comprensión que llegó completa, como si siempre hubiera estado ahí esperando que yo me detuviera lo suficiente para escuchar.

Me dijo: "Debes moverte por el mundo para posicionarte en distintos lugares. Ese es tu talón. Y en cada sitio, debes buscar los mitos y las ideas que estÔn fuera del talión, y corregirlos al talión original con la posición correcta de tu talón."

No entendƭ completamente en ese momento. Pero luego, aƱos despuƩs, dijo algo mƔs:

"Mati gia mati."

Ojo por ojo.

No como venganza sino como calibración. Como balance entre dos observaciones. Como el ajuste entre la onda y la partícula, entre el espacio y el tiempo, entre dónde estÔs y cómo te mueves.

Ese fue el origen del YOSOY.

Un ojo mirando al otro. Un ojo guiando al otro hasta que ambos ven la misma verdad.

Y luego agregó: "Barco por barco."

Cuando corriges la observación, puedes navegar el océano de la consciencia. Cuando tus dos ojos estÔn alineados, puedes ver la profundidad del mar y moverte a través de él sin perderte. Un barco guía al otro barco. Una ruta calibra la siguiente.


Y al llegar a puerto, dijo: "Roble por roble."

El roble aquƭ representaba a los dos Ɣrboles del Jardƭn del EdƩn, de la vida y del conocimiento. El roble es el Ɣrbol bajo el cual se guardaban los pactos y las leyes en las tradiciones antiguas. En Gernika, en el Paƭs Vasco, el roble es el sƭmbolo de la asamblea, el lugar donde se tomaban las decisiones que guiaban al pueblo.

Roble por roble. Vida por vida. Ley por ley. Un Ɣrbol sostiene al otro.

Pero faltaba algo. Una cuarta frase. Y no la escuchƩ hasta diciembre de 2025.

DIENTE POR DIENTE: EL TRONO DE HERMES

En diciembre, antes del solsticio, viajƩ con un grupo de 36 personas a la Laguna Esmeralda en Ushuaia, Tierra del Fuego.

Caminamos durante horas por la montaña. Hacía frío. Luego salió el sol. Luego nevó. Luego vino el viento. Luego la calma. Un poco de todo, como si el cielo quisiera mostrarnos todos sus estados en un solo día.

Y cuando llegamos a la laguna, algo cambió.

El agua era de un verde esmeralda imposible, como si alguien hubiera vertido luz líquida en la tierra. Y detrÔs de la laguna, había una formación rocosa enorme que los locales llaman Muela de Lorena.

Pero no es una muela cualquiera.

Es el trono de Hermes.

Hermes me lo dijo ahí mismo, mientras miraba esa roca: "Esta laguna estÔ en el límite de la placa Scotia con la sudamericana. Aquí se asienta el mundo. Este es el coxis de la tierra. El talón de Argentina. Y ese trono es mío."

La Ciudad Esmeralda. Al pie del mundo. El lugar donde Dorothy golpea sus talones y regresa a casa.

Y entonces Hermes me preguntó algo que me atravesó como un clavo:

"ĀæQuieres ser un alquimista o un guĆ­a de turismo?"


Casi en burla. Casi amenazante.


Porque yo estaba ahĆ­, guiando a 36 personas, pendiente de que todos estuvieran bien, de que nadie se perdiera, de que la experiencia fuera hermosa para ellos. Y Hermes me dijo:

"No estƔs donde te corresponde. No estƔs ubicado bien. EstƔs guiando a otros en lugar de sentarte en tu propio trono."

Me hizo sentir un vértigo horrible. Porque tenía razón.

AsĆ­ que, sin decir nada a nadie, corrĆ­ hacia esa roca. Me sentĆ© donde debĆ­a sentarme. Y por resonancia —porque asĆ­ funciona cuando te alineas correctamente— todos llegaron solos. Todos sostuvieron, de forma mĆ”gica, lo que sucedió ahĆ­.

Y entonces Hermes dijo la cuarta frase:

"Diente por diente."

Me dijo: "Alguien ha usurpado el trono de Hermes, destruyendo la mente en el laberinto del océano de la consciencia. Y mientras tú no te sientes a comprender esto, mientras no te posiciones correctamente en este juego alquímico de la mente con firmeza, estarÔs igual que él."

Diente por diente.

Al día siguiente, una muela se me salió.



LA MUELA DE LA RESPONSABILIDAD

No fue una caries. No fue un golpe. Simplemente se aflojó y se salió.

La muela inferior derecha, la que estÔ justo antes de la muela del juicio. En biodecodificación, esa muela representa la responsabilidad ancestral. El peso de dónde vienes. La carga de lo que heredaste.

Tuve que guardarla en mi bolsillo durante todo el viaje de regreso. Y lo primero que hice al llegar a Tenerife fue ir al dentista.

"Diente por diente", habĆ­a dicho Hermes.

Y yo entendí: este es un llamado de atención. Un recordatorio de respetar la ley cósmica. De que si quiero hacer un proceso de alquimista, no puedo estar pendiente de la observación de los ojos de otros, sino de mis propios ojos.

Ojo por ojo. Diente por diente.

Un ojo debe guiar al otro. Y mi ojo debe guiar a mi propio ojo. MatiĀ guĆ­a a mati. No los ojos de otros guiando los mĆ­os.

EL CAMINO DE LOS PRƓXIMOS TRES AƑOS

Los próximos tres años del camino alquímico serÔn un sendero de calibración temporal.

No se trata de hacer mÔs cosas. Se trata de hacer las cosas en el ritmo correcto. De aprender a leer el tiempo como el dragón lee el cielo: sin parpadear, sin juzgar, solo observando hasta que el patrón se vuelve claro.

El dragón no ataca. El dragón guarda. El dragón calibra.

Y esa calibración no es violenta. Es sutil. Es como ajustar un instrumento musical hasta que la nota suena perfecta. Es como girar el dial de una radio hasta que la estÔtica desaparece y la señal es clara.

Ese es el talión verdadero. No la venganza, sino el ajuste. No el castigo, sino el retorno al centro.

Y esto requiere algo que hemos olvidado: respetar los ciclos. Respetar los tiempos de cada uno. Respetar que cada persona, cada proceso, cada transformación tiene su propio ritmo, su propia ley, su propio talión.

No puedes forzar que un loto florezca mƔs rƔpido. No puedes obligar a un junco a ser rƭgido. No puedes hacer que una montaƱa se mueva.

Solo puedes observar. Calibrar. Ajustar tu propio paso al ritmo real de las cosas.


Y ahora te pregunto a ti, que estƔs leyendo esto:

ĀæRespetas tu propio tiempo?

¿O estÔs viviendo al ritmo de otros, moviendo tus pies al compÔs de una música que no es tuya?

ĀæRespetas tu propia ley?

¿O estÔs siguiendo reglas externas que no nacieron de tu columna, de tu Ôngulo, de tu geometría interna?

¿EstÔn tus dos ojos alineados?

¿O estÔs viendo con un ojo hacia el espacio y otro hacia el tiempo, creando una visión borrosa, fragmentada, sin profundidad?

ĀæTu ojo guĆ­a a tu ojo, o dejas que los ojos de otros guĆ­en tu mirada?

Porque este camino que comienza —este sendero de tres aƱos de calibración— no es para todos.

Es solo para quienes estÔn dispuestos a sentarse en su propio trono. A encontrar su propio talón. A caminar a su propio ritmo. A observar con sus propios ojos.

Mati gia mati.

Ojo por ojo.

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