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Mati ahora en el Atlas

  • Mati
  • 27 dic 2025
  • 8 Min. de lectura

El cuerpo humano es un mapa del cosmos. Entre la base de la columna y la cima del cráneo se despliega toda la estructura del universo. En el extremo inferior, el coxis sostiene el peso de todo el cuerpo, como la tierra sostiene el peso del mundo. En el extremo superior, la primera vértebra cervical sostiene la cabeza, como el cielo sostiene las estrellas.

Esa vértebra lleva un nombre antiguo: Atlas.

Atlas es el titán que sostiene el cielo sobre sus hombros. El que mantiene separados el cielo y la tierra para que la vida pueda existir en el medio. El que impide que todo colapse. El que permite que haya espacio para respirar.

Sin Atlas, el cosmos se derrumba. Sin Atlas, cielo y tierra se funden y la vida desaparece.

Por eso al mapamundi se le llama atlas. Porque el mapa sostiene el mundo en nuestra mente. Nos permite navegar. Nos da coordenadas. Nos orienta en el espacio.

Y Atlas fue también el primer rey de Atlántida. El primogénito de Poseidón. El que gobernaba desde las montañas que ahora llamamos Canarias, las últimas cimas que quedaron visibles cuando el continente se hundió.

EL PLAN ATER TUMTI

En la memoria antigua existe un plan. Un plan que nació en tiempos de Atlántida hace más de 13,000 años. Un plan que fue llevado adelante hasta el 5,000 a.C., cambiando su nombre y su lengua varias veces.

Ese plan se llama Ater Tumti. Del atlante antiguo: traer el cielo a la tierra.

La misión era reflejar el orden celestial en el orden terrestre. Hacer que las ciudades, los templos, los caminos, se organizaran como las estrellas se organizan en el firmamento. Que como es arriba, sea abajo.

Ater Tumti fue el plan que los atlantes sembraron en el mundo antes de que el diluvio borrara las rutas. Fue el plan que los sobrevivientes intentaron reconstruir en Egipto, en Sumeria, en el valle del Indo, en China, en los Andes.

Fue el plan que yo, como muchos otros, vine a recordar.

Y ese plan comienza a definirse en la región del Atlas. En Canarias. Porque ahí está la memoria del origen. Ahí está el mapa que conecta cielo y tierra.

Atlas es el símbolo del plan. El que sostiene. El que mantiene. El que no permite que todo colapse.

Pero el plan Ater Tumti también vive en el cielo. Porque el cielo guía a la tierra. Las estrellas marcan el camino a través del tiempo.

EL CAMINO CELESTIAL

Los antiguos miraban el cielo y veían patrones. Grupos de estrellas que conectaban con líneas imaginarias para recordar mitos, para orientarse en el océano, para medir el tiempo, para saber cuándo sembrar y cuándo cosechar.

Las constelaciones llevan nombres de mitos porque el cielo era el libro sagrado. El lugar donde se inscribían las historias de los dioses. Cada constelación contaba una enseñanza. Cada estrella marcaba un punto en el mapa celestial.

Los antiguos dividían el cielo en regiones. En el ecuador celeste se movían las constelaciones del zodíaco. Hacia el norte estaban las constelaciones circumpolares que nunca se hundían bajo el horizonte. Hacia el sur estaban las constelaciones que solo se veían desde ciertas latitudes.

Pero de todas las constelaciones, una era la más importante. La que guiaba a todas las demás. La que marcaba el camino del cazador. La que sostenía el eje del cielo nocturno.

Orión.

ORIÓN, EL CAZADOR Y SUS PERROS

Orión es el cazador. La constelación más reconocible del cielo. Tres estrellas perfectamente alineadas forman su cinturón. Cuatro estrellas brillantes marcan sus hombros y sus rodillas.

Orión era un gigante. Un cazador legendario. El más hábil de todos. Capaz de cazar cualquier animal.

Orión cazaba acompañado de sus dos perros fieles. Canis Major, el perro mayor, que lleva en su pecho a Sirio, la estrella más brillante del cielo nocturno. Y Canis Minor, el perro menor, que lleva a Procyon en su frente. Los dos perros eternamente persiguen a su amo a través del cielo.

Delante de Orión corre el Toro. Tauro. El gran toro celestial que abre el surco en el campo estelar. El que prepara la tierra para las semillas de las estrellas.

Tauro era la vaca sagrada. La matriz cósmica. La que produce la leche de las estrellas. La Vía Láctea era vista por los antiguos como la leche de la vaca sagrada. La sustancia primordial de la que nacían las estrellas. El río de luz que atraviesa el cielo.

Y en el lomo de Tauro brillan las Pléyades. Las siete hermanas. Las siete palomas que marcan el norte. Las siete musas que inspiran el canto celestial.

Las Pléyades eran llamadas las palomas porque guiaban el camino. Como las musas guiaban la inspiración. Como el ratón —mouse, musa, música— salió de la cueva para traer el mensaje de los dioses.

Orión persigue eternamente a las Pléyades. Persigue el corazón de la vaca. El centro de la creación. El lugar donde nacen las estrellas. Pero nunca las alcanza. Porque esa es su tarea. Perseguir. Cazar. Mantener el movimiento. Sostener la rueda del cielo.

Pero Orión tiene un enemigo. Un veneno que lo persigue desde atrás.

EL ESCORPIÓN Y EL MÉDICO

Según el mito, Orión fue picado por un escorpión. El escorpión Escorpio apareció desde la tierra y clavó su aguijón en el talón del cazador. Orión cayó. Murió. Pero su muerte fue también su transformación.

Los dioses colocaron a Orión en el cielo junto con sus perros para honrarlo. Y al escorpión también lo colocaron en el cielo. En el lado opuesto. Para que Orión y Escorpio nunca se encuentren. Cuando el escorpión sale por el horizonte, Orión se hunde. Cuando Orión se levanta, el escorpión desaparece.

Pero entre Orión y Escorpio está el sanador. Ofiuco. El portador de la serpiente. Ophiuchus.

Ofiuco es el médico celestial. El gran sanador Asclepio. El que aprendió el secreto de resucitar a los muertos. El que domina el veneno de la serpiente para transformarlo en medicina.

Asclepio fue fulminado por Zeus porque los dioses temían que el poder de devolver la vida alterara el orden del cosmos. Pero Zeus, arrepentido, colocó a Asclepio en el cielo como Ofiuco. El que sostiene la serpiente entre sus manos. El que conoce el secreto de la transmutación.

Ofiuco está entre Escorpio y Sagitario. Entre el veneno y la flecha. Entre la picadura y la cura. Entre la muerte y la resurrección.

Y es Ofiuco quien sana a Orión. Quien le da el antídoto. Quien le permite levantarse otra vez y seguir cazando.

Los perros lo guían. Sirio y Procyon. Los dos puntos de luz que marcan el camino del cazador. Sin los perros, Orión se pierde. Sin los perros, Orión no puede cazar. Los perros son los guías. Los que olfatean el rastro. Los que siguen la pista en la oscuridad.

ORIÓN, OSIRIS Y LA GRAN MUJER

En Egipto, Orión era Osiris. El dios de la muerte y la resurrección. El que fue desmembrado y vuelto a armar. El que gobierna el inframundo. El que guía las almas a través de la oscuridad.

Osiris es el principio que desciende. El que penetra la materia. El que se fragmenta para poder entrar en el mundo físico.

E Isis es su contraparte femenina. La que busca los pedazos. La que reconstruye. La que sostiene. La gran madre. La matriz que contiene.

En la geografía del planeta, Orión es Egipto. El lugar donde el plan Ater Tumti se inscribió en piedra. El lugar donde las pirámides reflejan las tres estrellas del cinturón de Orión.

E Isis es Argentina. La gran mujer. El cuerpo femenino del Sur. La tierra que sostiene el útero del mundo.

En 2012, yo hice ese viaje. El camino de la gran mujer. Desde el norte hasta el sur. Desde Orión hasta Isis. Desde Egipto hasta Argentina.

Y lo hice acompañado de dos canarios. De dos perros.

CANARIAS: LA ISLA DE LOS PERROS

Canarias viene del latín Canariae Insulae. Islas de los perros.

Cuando el rey Juba II de Mauritania envió una expedición a las islas, encontraron «vastas multitudes de perros de gran tamaño». Y así las islas recibieron su nombre.

Los perros son los guías. Los que rastrean. Los que siguen el olor. Los que abren el camino en la oscuridad.

Y mis dos perros canarios fueron Nidia y José. Dos amigos que me acompañaron en el viaje de 2012. Los que me guiaron en el camino de Harwitum. Los que me enseñaron a ver el mapa completo desde las islas.

Ellos fueron mis Sirio y Procyon. Los dos puntos de luz que me guiaron a través de la oscuridad.

Y el viaje culminó el 12 del 12 de 2012. En Buenos Aires. En Tandil. El útero de Argentina. El vientre de la gran mujer. Entre las sierras gemelas que reflejan a las Malvinas. Apolo y Artemisa. Sol y luna. Los dos ojos que miran el mundo.

Ese encuentro cerró el camino de la gran mujer. Isis había recibido a Orión en su vientre.

EL CORAZÓN DEL ESCORPIÓN Y LA FE DE HIERRO

Canarias forma la figura de un escorpión. El escorpión de agua. El guardián del océano Atlántico.

Y el corazón del escorpión está en Tenerife. En el centro del cuerpo. En el lugar donde late el pulso de las islas.

En el cielo, el corazón del escorpión es Antares. La estrella roja gigante. La rival de Marte. La que arde con el fuego de la transformación.

Seguir al corazón es tener fe. Y Tenerife lleva ese código en su nombre. Te-ner-i-fe. Tener fe, en español. Sostener la fe. Anclar la fe en el corazón.

Pero en la alquimia aprendí que la fe está en El Hierro: pues este elemento químico en la tabla periódica se escribe Fe, del latín ferrum.

El Hierro es la primera isla. El chakra base. El asiento del poder. El lugar donde se ancla la kundalini del escorpión.

El hierro es el metal del norte. El imán. La brújula. La aguja que siempre apunta hacia el polo.

Fe en inglés es faith. Que viene del latín fides. Confianza. Fidelidad. Lealtad.

Hierro en español es iron en inglés. El metal de la voluntad. El metal que sostiene. El metal que forja.

Mi fe estaba en mi hierro. En mi norte. En mi brújula interna. Pero durante años, esa brújula estuvo atada. Religada. Anudada a una dirección que no era la mía.

Porque fui bautizado en la fe cristiana, el 12 del 12 de 1987. El mismo código. 12.12, día de la Gran Mujer, así como de la virgen de Guadalupe.

Y el bautismo es un pacto. Una marca. Una inscripción en el alma que religa la conciencia a una doctrina. A una iglesia. A un sistema de creencias.

Y aunque yo había caminado lejos de esa iglesia, aunque mi vida había tomado otros rumbos, en el subconsciente seguía atado. Seguía religado.

Por eso, el 12 del 12 de 2025, hice la apostasía.

APOSTASÍA: LIBERACIÓN DE LA FE

Apostasía viene del griego apostasia. Significa "alejamiento", "deserción", "rebelión".

En el contexto religioso, apostasía es la renuncia formal a la fe recibida en el bautismo. Es el acto de declarar oficialmente que ya no formas parte de la iglesia. Que ya no aceptas su doctrina. Que liberas tu alma de ese pacto.

Pero para mí, la apostasía fue la liberación de mi fe. La devolución de mi hierro a mi propio norte. La recuperación de mi brújula interna.

Porque si quiero estar aquí para la tierra, si quiero servir al plan Ater Tumti, si quiero traer el cielo a la tierra, debo tener mi fe centrada en mí. Mi hierro en mi norte.

Por eso vine aquí. A Tenerife. Al corazón de Antares. Al centro del escorpión. Para conectar con el Teide. El volcán sagrado. El corazón de hierro del escorpión.

Y vine para estar acompañado de mis dos perros canarios. Nidia y Jose. Los que me guiaron en el primer viaje de 2012. Los que me mostraron el mapa completo desde las islas.

Vine a recuperar mi fe. Mi hierro. Mi norte. Para poder enfrentar el veneno del escorpión. Para poder atravesar la picadura. Para poder transformar el veneno en medicina.

Porque Ofiuco me enseñó que el veneno y la medicina son lo mismo. Que el escorpión pica para sanar. Que la muerte es el camino hacia la resurrección.

Y ahora, después de haber hecho la apostasía, después de haber liberado mi fe, después de haber recuperado mi hierro, puedo sostener el cielo sobre mis hombros como Atlas.

Puedo ser el eje que mantiene cielo y tierra separados para que la vida pueda respirar en el medio.

Puedo ser la vértebra que sostiene la cabeza del mundo.

Puedo ser el mapa que guía a otros a través del océano de la conciencia.

Porque mi fe ya no está religada. Mi hierro ya no está atado. Mi brújula ya no apunta hacia afuera.

Mi norte está dentro de mí.

Y desde aquí, desde Tenerife, desde el corazón del escorpión, desde el centro de Antares, puedo empezar otra vez.

Mi pregunta a ustedes hoy es:

¿Dónde está tu hierro? ¿Hacia dónde apunta tu norte? ¿En qué tienes Fe?

25 comentarios


Marcelo Melendez
Marcelo Melendez
27 ene

gracias Matias!! <3

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Karla Fuentes
Karla Fuentes
16 ene

A todos los que no puedan hacer la Apostasía literalmente, por cualquier razón de vida, pueden hacerla simbólicamente. Desde lo que su propia Coherencia les muestre. Recordando dónde está su hierro. Con la intención de recalibrar la brújula. Imantarla desde dentro. Gracias Mati, seguimos caminando! 👣🤍🔥

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Yzahza
09 ene

Mi hierro ha estado fuera de mí. Mi fe ha desangrado ciclo tras ciclo llorando un desgarramiento de mi fe. Ahora que mi fe viene a mí de regreso  y en mi se queda, recién entonces, cuando rebose en mi corazón podré apuntar a mi norte.

Atlas sujeta el eje y entonces no apuntaré hacia arriba o hacia abajo, ya no es necesario, apuntaré en este mundo, allí donde el pasto es verde, el cielo azul y brilla dorado un huevo bajo el sol

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Patricia Rios Maldonado
Patricia Rios Maldonado
05 ene

Estoy con mi hierro en el pueblo donde nací, al que volví hace 16 años porque falleció mi padre y mamá no podía quedarse sola ( Hoy tiene 90 años) y del cual no me siento parte. La verdad no me siento unida a ningún territorio. Mi norte apunta a seguir aprehendiendo con los bibliotecarios planetarios y tengo Fe en mi, en que puedo seguir dando pasos en esta vida aún cuando, a veces, se torna oscuro el sendero. También mi Fe= fuerza energética la direcciono en tu guía, como el profesor del Universo que considero que eres, porque todo el tiempo voy descubriendo respuestas en todo tú compartir. Muchas gracias Matty.

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Romina Seje
Romina Seje
04 ene

Asclepio.. Asclepia.. es la planta nutricia de la mariposa Monarca.. Transformación ♡

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